jueves, 15 de diciembre de 2011

ChristopherHitchens (1949-2011)



Christopher Hitchens

Christopher Hitchens
Christopher Hitchens crop.jpg
Christopher Hitchens, 2007
Nombre completo Christopher Eric Hitchens
Nacimiento 13 de abril de 1949
Portsmouth, Hampshire, Reino Unido
Defunción 15 de diciembre de 2011 (62 años)
Houston, Texas, EE. UU.
Ocupación escritor, periodista y activista.
Nacionalidad Reino Unido y Estados Unidos.
Lengua de producción literaria inglés
Lengua materna inglés
Género polémica, ensayo, biografía, periodismo y crítica literaria.
Obras notables Dios no es bueno
Christopher Hitchens (Portsmouth, Reino Unido, 13 de abril de 1949Houston, Texas, EE. UU., 15 de diciembre de 2011) fue un escritor y periodista británico, residente en Estados Unidos.
Se licenció en Filosofía, Ciencias Políticas y Economía en el Balliol College de Oxford. Tras escribir durante 20 años en el semanario estadounidense The Nation, oponiéndose a las administraciones de los presidentes Ronald Reagan y Bush padre, así como a la primera guerra del Golfo, se despidió en 2003 por diferencias de opinión con la dirección de la revista.
Con relación a su libro The Trial of Henry Kissinger (Juicio a Kissinger), el diario británico The Guardian escribió: «En su nuevo y explosivo libro, Christopher Hitchens explica por qué el ex secretario de Estado Henry Kissinger —venerado como un jefe de estado, invitado y admirado por los grandes de este mundo— debe ser procesado por crímenes contra la humanidad».
Christopher Hitchens se mostró contrario al aborto («un niño no nacido no es un tumor ni un apéndice»), pero favorable a la píldora anticonceptiva RU 486.3 En sus libros y conferencias se centraba en el tema de la inexistencia de Dios.
Era hermano de Peter Hitchens, también periodista pero de marcada ideología conservadora, y residió en Washington (EE. UU). Falleció a causa de una neumonía surgida como complicación del cáncer de esófago que en julio de 2010 se supo que padecía.

  Obras

  Referencias

  Véase también

  Enlaces externos


The Greatest Debate of the Decade - Christopher Hitchens vs. George Galloway.

Subido por el 15/11/2011
George Galloway debates Christopher Hitchens at Baruch University in New York in Sept. 2005 about the Iraq War. The Debate Transcript http://www.endusmilitarism.org/gallowayhitchensdebate091605.html

 

Christopher Hitchens Vs. Tim Rutten 2007

Subido por el 25/11/2011
Christopher Hitchens: God Is Not Great: How Religion Poisons Everything
In conversation with Tim Rutten
Christopher Hitchens is a contributing editor to Vanity Fair and a visiting professor of liberal studies at the New School. He regularly writes for the Atlantic Monthly and Slate, and is the author of numerous books, including Letters to a Young Contrarian and Why Orwell Matters. He was named one of the "Top 100 Public Intellectuals" by Foreign Policy and Britain's Prospect.
ALOUD at the Los Angeles Public Library. June 4, 2007

 

Christopher Hitchens v. William Lane Craig atheism debate review

Subido por el 24/07/2010
This is a review with some of the highlights of the debate on April 4, 2009 between Hitchens and Craig.


Richard Dawkins Vs. William Lane Craig Debate

Subido por el 23/10/2011

Richard Dawkins TIMES:
7:20
32:15
1:03:05
1:19:33
1:39:33

William Lane Craig TIMES:
13:39
46:27
1:14:04
1:36:08

Debate - William Lane Craig vs Christopher Hitchens - Does God Exist?

 Subido por el 27/01/2011 

April 4, 2009 - Craig vs. Hitchens Debate from Biola University.

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El Mundo: FILOSOFÍA A los 61 años

Muere Christopher Hitchens, autor de 'Dios no existe'

 


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Dios no es bueno

Christopher Hitchens (2008). Dios no es bueno. Debate (Random House Mondadori, SA). ISBN 978-84-8306-765-9.

Dios no es bueno: alegato contra la religión
de Christopher Hitchens
Género ensayo
Subgénero crítica a la religión
Edición original en inglés (2007)
Título original God Is Not Great
Editorial Twelve Books
Ubicación Bandera de los Estados Unidos Estados Unidos
ISBN ISBN 978-0-446-57980-3
Edición traducida al español (2008)
Traducción Ricardo García Pérez
Editorial Debate
Ubicación Barcelona

 España
ISBN ISBN 978-84-8306-765-9
Páginas 336
Dios no es bueno (God Is Not Great) es un ensayo publicado en 2007 por el periodista Christopher Hitchens en el que realiza una crítica a la religión.
En el libro, Hitchens sostiene que la religión es «violenta, irracional, intolerante, aliada del racismo y el tribalismo, invierte en la ignorancia, es hostil hacia el librepensamiento, despectiva hacia las mujeres y coactiva hacia los niños».
Los principales argumentos de Hitchens consisten en una combinación de historias personales, anécdotas históricas documentadas y análisis crítico de textos religiosos.
Sus comentarios se centran principalmente en las religiones abrahámicas, aunque pasa por otras tales como el hinduismo y el budismo.

  Ventas

El libro fue publicado el 1 de mayo de 2007 en la edición inglesa, y en una semana alcanzó el segundo puesto de los libros mejor vendidos de Amazon.com (detrás de Harry Potter y las reliquias de la muerte) y alcanzó el primer puesto de los libros mejor vendidos del New York Times en su tercera semana.

  Véase también

  Enlaces externos

Sinopsis

Una extraordinaria polémica contra la religión, de la mano de uno de los más brillantes intelectuales de la actualidad.
Siguiendo la tradición de Por qué no soy cristiano, de Bertrand Russell, Christopher Hitchens presenta el argumento defnitivo contra la religión. A través de una interpretación profunda y erudita de las principales ideas religiosas, Hitchens demuestra que la religión, producto del hombre, es peligrosamente represiva y distorsiona la explicación de nuestro origen en el universo. El autor propone una vida laica, basada en la ciencia y la razón, en la que cielo e inferno ceden su lugar a la visión del universo del telescopio Hubble.



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CRÍTICA:  ¿Tú qué te has creído?

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS 29/11/2003
Como el de loco o santo, el de disidente es un título que "hay que ganarlo en vez de reclamarlo", afirma Christopher Hitchens (Portsmouth, 1949) en este libro que sigue irónicamente el modelo de las Cartas a un joven poeta, de Rilke. Pues bien, digamos que él es un disidente pese a sus licenciaturas en Oxford, colaborar en revistas como Granta o New Left y haber recibido una catarata de elogios de Gore Vidal y Susan Sontag. Consciente de que detrás de etiquetas como inconformista o rebelde se oculta la condescendencia de una sociedad que admira la excentricidad, el escritor británico se ha mantenido al margen del "rebaño de mentes independientes". Reportero en Bosnia, India y Polonia, Hitchens es autor de ensayos como La victoria de Orwell (Emecé), Juicio a Kissinger (Anagrama) -dedicado al Nobel de la Paz "que devastó Camboya y Chipre, Chile y Timor Oriental"- o The Missionary Position (la postura del misionero), un corrosivo repaso a la Madre Teresa en el que, entre otras cosas, denuncia su respaldo al régimen de Duvalier en Haití. Estas tres figuras reaparecen en unas cartas en las que se alternan la admiración -Zola, Wilde, Havel- y la demolición -Lady Di, Clinton-, y cuyo autor sostiene que el materialismo marxista sigue siendo una buena herramienta de análisis, pero que, impuesta, la virtud puede convertirse en su opuesto. Por eso Hitchens recomienda, como el clásico, cuidarse de la derecha cuando es diestra y de la izquierda cuando es siniestra. Después de un repaso al consenso como "Disneylandia de la mente", asistimos a la demolición de dos ídolos: la trascendencia y la irracionalidad. De ahí la crítica a la religión -que va "de la conclusión a la evidencia"- y a las tentaciones identitarias y al narcisismo micropolítico de la pequeña diferencia -un "premio de consolación por las derrotas del 68 (...) la gente empezó a disertar sobre lo que era en lugar de sobre lo que había hecho"-. Poco dado a recetar sedantes, el ensayista británico aconseja viajar, dudar y evitar el populismo: "La gente como masa tiene muy a menudo una inteligencia inferior a la de sus partes integrantes". Acostumbrado a una izquierda que suele recomendar la crítica "constructiva" para no proporcionar armas al enemigo, Christopher Hitchens, que acudió al Vaticano como abogado del diablo -literalmente- en la beatificación de la Madre Teresa y que demandó a Kissinger cuando todos esperaban que fuera él el demandado, concluye: "A la pregunta: ¿quién te crees que eres?, puedo replicar con calma: ¿quién quiere saberlo?".

CARTAS A UN JOVEN DISIDENTE
Christopher Hitchens
Traducción de Jaime Zulaika
Anagrama. Barcelona, 2003
176 páginas. 12 euros

ANÁLISIS: Una hija del destino


Babelia

ENTREVISTA: LIBROS - Entrevista

El gran provocador

Christopher Hitchens realiza en Dios no es bueno una radical crítica a todas las religiones. "Son una promesa vacía de los totalitarismos", sostiene el ácido y polémico escritor

JOSÉ ANDRÉS ROJO 29/03/2008
El último número de Vanity Fair dedica su tema de portada a responder una pregunta: "¿Quién dice que las mujeres no son divertidas?". El que lo sugiere es Christopher Hitchens (Portsmouth, Inglaterra, 1949), una de las firmas de referencia de la revista y que pasa por ser uno de los más ácidos polemistas del momento. Allí donde puede haber gresca, allí está Hitchens disparando sus venenosos dardos con una prosa cargada con la dinamita de su sentido del humor.
"Siempre estaré del lado de la peor versión de la democracia estadounidense frente a la mejor teocracia fundamentalista"
"Con energía nuclear o no, Irán no debería estar secuestrado por estos fundamentalistas y terroristas"
Ahora se traduce en España su último libro, Dios no es bueno (Debate), donde exhibe sus municiones más letales para arremeter contra todo tipo de religión. Habrá quien pueda cuestionar la hondura de sus reflexiones, pero lo que nadie puede discutir es su destreza para hincar su rabiosa dentadura en una de las cuestiones actualmente más polémicas. El libro está dedicado a Ian McEwan. Hitchens lo explica: "Porque es una persona espiritual. Lo ha demostrado en sus libros y en su vida: que se puede ser espiritual sin ser religioso. Yo no soy así. Todos esos rollos no existen para mí. Cualquier religión se ofrece como una solución idiota que promete arreglarlo todo. Es la promesa vacía de los totalitarismos".
La cita tuvo lugar en febrero, durante un viaje que el escritor y periodista hizo a Ámsterdam para presentar su libro. Allí, en un restaurante italiano a la vera de un canal, Hitchens habló: "Es posible que haya personas que no busquen respuestas en la religión sino sólo consuelo. Lo que ocurre, sin embargo, es que las religiones se ocupan de que esas personas acepten una serie de explicaciones, que son pura ficción, invenciones, mitos, leyendas. Y no hay consuelo posible si uno se enfrenta a los argumentos que las religiones proponen para explicar la creación o la resurrección y otras cuestiones".
El caso de Hitchens es muy ilustrativo de la deriva que han seguido muchos intelectuales de su generación. En 2001 publicó Juicio a Kissinger (Anagrama), donde confesaba haber abordado sólo las infracciones del político "que podrían o deberían constituir la base de una acusación penal: por crímenes de guerra, por crímenes contra la humanidad y por delitos contra el derecho consuetudinario o internacional, entre ellos el de conspiración por cometer asesinato, secuestro y tortura". Y cargaba a fondo contra el ex secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos sacando a la luz todas sus sucias maniobras en Indochina, Bangladesh, Chile o Timor Oriental, entre otros lugares. Ya por entonces, sin embargo, ese airado discurso tan propio de un tipo de izquierdas iba resquebrajándose. A Hitchens le irritó, y dolió, profundamente la blandenguería con que la izquierda reaccionó a propósito de la fetua que Jomeini dictó contra Salman Rushdie en 1989. Los atentados del 11-S terminaron de cambiar sus simpatías. El furibundo trotskista fue convirtiéndose en un furibundo neoconservador, y el caballero que se había manifestado contra la guerra del Golfo celebró la guerra de Irak, y la defendió, como es su estilo, con uñas y dientes.
"Explicar este cambio es muy sencillo", dice Hitchens. "Cuando Kissinger hacía sus sucias maniobras en Chile, lo que pretendía era derrocar a un régimen que había sido elegido democráticamente, y lo que terminó provocando fue la llegada de un dictador al poder, Pinochet. Lo que existía, en cambio, en Irak era un dictador, Sadam Husein, y la guerra se hizo para acabar con un sistema de dominación que tenía masacrados a los ciudadanos de aquel país. Ahora ya se han celebrado dos elecciones y vamos a por las terceras. No soy el que tiene que defender su posición sino quienes me critican. Los que no movieron un dedo para acabar con un tirano".
Es inevitable que el rumor de fondo de las iniciativas que ha tomado el Gobierno de Bush resuenen en Dios no es bueno, pero lo cierto es que en el libro no abundan ni reproches ni apoyos explícitos a iniciativas concretas. Sí hay una posición inequívoca de largo alcance, un diagnóstico sobre el conflicto más grave, una concepción radical de lo que está en juego. Y para Hitchens la gran batalla que se libra hoy en el mundo es la que enfrenta al laicismo contra los fanatismos religiosos. Ahí en Ámsterdam lo formulaba con estas palabras: "En esa guerra, yo siempre estaré del lado de la peor versión de la democracia estadounidense frente a la mejor de las concreciones de una teocracia fundamentalista". Hitchens se nacionalizó estadounidense el año pasado: "Quería formar parte de un país y poder pronunciarme como uno más y no como un extranjero".
¿Es entonces la democracia la mejor manera de combatir el auge de los fanatismos religiosos? "Me gustaría que lo fuera, pero no sé si la democracia puede ser tan eficaz. La mejor manera de librar ese combate es defendiendo el laicismo, la secularización. Eso es lo mínimo. El problema de las democracias es que se ven a menudo obligadas a hacer compromisos. Los Gobiernos están en el poder durante un tiempo limitado y cuando surgen los roces con una comunidad religiosa aceptan sobre la marcha que en los colegios se separen a los chicos de las chicas o que los obliguen a bañarse en piscinas diferentes. Pero no crea que se van a conformar con eso. La cuestión es qué tipo de compromisos puede establecer una democracia capitalista con las exigencias de las religiones. Es muy fácil decir que la democracia es la salida. Pero no. La democracia es lo que tenemos que proteger".
El padre de Hitchens era marino y eso explica que durante la primera parte de su vida fuera dando tumbos, de base naval en base naval. Estudió Filosofía, Políticas y Económicas en Cambridge y Oxford. Entró en el Partido Laborista en 1965, pero fue expulsado en 1967 por criticar el apoyo a la guerra de Vietnam. Formó entonces parte de un minúsculo grupo trotskista próximo a Rosa Luxemburgo y empezó a trabajar como corresponsal de publicaciones de izquierda. "Sigo siendo marxista. No sabría cómo acercarme a las cosas sin una concepción materialista de la historia. Mi próximo libro se ocupa de Rosa Luxemburgo".
En los setenta entró a trabajar en el New Statesman, donde se hizo amigo de Martin Amis e Ian McEwan y donde adquirió su merecida fama de irascible izquierdista que desenfundaba a la menor ocasión y que siempre tiraba a matar. En Experiencia, su libro autobiográfico, Amis retrata las maneras de su amigo durante una visita que le hicieron a finales de los ochenta a Saul Bellow. Le había hecho prometer que no habría excesos, que no habría "memeces siniestras". Es decir: "Nada de profesiones vehementes de izquierdismo". Pero salió el tema de Israel y Hitchens se tiró a la yugular de su anfitrión, con lo que la cena terminó como un funeral. Dice Amis que Bellow se fue allanando "ante la catarata de razón pura -con todo lujo de detalles concretos, precedentes históricos, candentes estadísticas, llamativas y finas distinciones- de la estampida cerebral de Christopher".
Esa estampida cerebral también se puede encontrar en Dios no es bueno. Detalles históricos, investigaciones recientes, flechazos de actualidad y todo al servicio de atacar en cuatro frentes: las religiones cuentan de manera incorrecta los orígenes del ser humano y del cosmos, consiguen aunar el máximo de servilismo y solipsismo, desencadenan una poderosa represión sexual y se fundan en ilusiones. Hitchens comentaba en Ámsterdam: "La mayor contradicción de las religiones es que piden a sus fieles que sean modestos, humildes y que se sientan pequeños. Y al mismo tiempo les dicen que el universo ha sido diseñado pensando que ellos son el centro de todo. Con lo que los va convirtiendo en tipos orgullosos y seguros de sí mismos. Es ridículo. Si pensamos en lo mucho que tardó en crearse el cosmos, cuánta violencia y desorden hubo para que al fin hubiera vida en este minúsculo planeta, suena absurdo pensar que hubo alguien que lo estaba construyendo para ti y para mí. Tal como están las cosas, si efectivamente existiera un dios, sería un chapucero, un incompetente, un ser extremadamente cruel".
Hitchens desarrolló la primera parte de su carrera como corresponsal. Estuvo una larga temporada en Chipre, y ha viajado por Chad, Uganda, Darfur; ha visitado Irak, Irán y Corea del Norte; ha estado en unos sesenta países. Ha escrito también crítica literaria y, entre los numerosos medios en los que ha colaborado o colabora, figuran Atlantic Monthly, The New York Times Review of Books, World Affairs, Slate, The Nation, Free Inquiry, Vanity Fair... Ha publicado más de quince libros, de los que han aparecido en España el citado sobre Kissinger, Cartas a un joven disidente (Anagrama) y La victoria de Orwell (Emecé). ¿No existe el problema de que una obra tan variada quede reducida a los latiguillos con que los medios resumen la obra de un intelectual? "La figura del intelectual surgió en Francia durante el caso Dreyfus. Y lo que dijo entonces Zola fue algo muy simple: que ese hombre era inocente y que estaba preso por un error judicial. Fueron los otros, los que pretendían representar a la gran Francia, los que defendían que las cosas eran más complejas. A veces se deben hacer preguntas sencillas. Hace poco, mi amigo Martin Amis pidió en un mitin que levantaran la mano los que se consideraban moralmente superiores a los talibanes. Sólo lo hicieron dos o tres personas. Lo que yo me pregunto es qué es lo que resulta tan complejo que impide que la gente responda una pregunta sencilla. El intelectual tiene que recordar las cosas que son obvias, evidentes, que no admiten discusión. La revista antifascista en la que colaboraban Brecht, Grosz y Heartfield se llamaba Simplicissimus. George Orwell decía que la cosa más difícil de ver es la que tienes delante de las narices. La fórmula 'no pasarán' era muy fácil de entender".
Al final de Dios no es bueno, donde hace una exaltada defensa de los valores de la Ilustración, avisa: "Una versión de la Inquisición está a punto de dar con un arma nuclear". La discusión es cómo combatir el peligroso ascenso de los fanatismos.
¿Cómo defiende Hitchens al mismo tiempo las reglas de juego internacionales y apoya la invasión de Irak que se hizo bajo la mentira de las armas de destrucción masiva? "Eso no es cierto. Se le dio a Irak una lista de las armas que poseían, y no se deshicieron de ellas. Aún no lo han hecho. Cuando se produjo la invasión, no se trataba tanto de entrar y de encontrar las armas como de obligar a Irak a cumplir con una resolución de Naciones Unidas que fue respaldada por todos los miembros del Consejo de Seguridad, y hasta por Irán y Siria. Unánime". ¿Cómo justifica el caos que hay allí ahora? "En el curso de la guerra, hemos obligado a los libios a desarmarse. Y resulta que tenían más armas de las que pensábamos que tenían. Nos las entregaron todas. Y al examinar el arsenal de Libia pudimos descubrir que pertenecía a la mafia de Al Qaeda, que se extiende hasta el norte de Siria". Y en el caso de Irán, ¿defiende la invasión? "Lo que es necesario es derrocar a los mulás. Con energía nuclear o no, Irán no debería estar secuestrado por estos fundamentalistas y terroristas. Si tienen sentido las leyes internacionales, habría que arrestar, juzgar y mandar a la cárcel a todos los responsables de tantos asesinatos (Berlín, Viena, el restaurante Mikonos) que están protegidos por el Gobierno de Irán que, mientras tanto, es capaz de cortarle las manos a alguien por robar. Es una banda mafiosa en un Gobierno. Mulás con armas nucleares".
La cena termina con un par de whiskies. Por allí han pasado el papa Wojtyla ("un tipo con cojones"), Hillary Clinton ("más de lo mismo, más corrupción"), Obama ("puede transformarse y hacer algo serio"), el arzobispo de Canterbury, Yugoslavia, la dictadura argentina y la Guerra Civil española, entre otros temas. La herida en Hitchens sigue ahí: "Cuando sucedió lo de Rushdie, me dolió la capitulación de la izquierda. Siempre encuentra justificaciones para cualquier actitud agresiva contra Estados Unidos y no sabe ver ese fascismo con rostro islámico". -
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www.hitchensweb.com
 http://blogs.elpais.com/el_rincon_del_distraido/ (entradas de los días 11 y 28 de febrero)

  • Iglesia y religión
    • Edición impresa  FERNANDO SAVATER  14-06-2011 
    ... en el pensamiento anglosajón los adalides de la crítica inmisericorde de las religiones: Daniel Dennett, Richard Dawkins, Sam Harris, Christopher Hitchens... A ellos acaba de unirse ahora A. C. Grayling, un meritorio divulgador inglés de temas filosóficos del que Ariel había publicado ya El poder de ...

Libros electrónicos pegados a la actualidad
  • EL PAÍS  Madrid - 30-06-2011
Las revueltas en el mundo árabe, los efectos del accidente en la central nuclear de Fukushima y la figura de Osama Bin Laden, son los tres temas, pegados a la actualidad, que constituyen el argumento de los tres primeros lanzamientos de Endebate, una nueva colección en formato exclusivamente digital (epub) que lanza el sello de Random House Mondadori. "Esta es la primera vez que una editorial española genera un contenido de este tipo y lo distribuye exclusivamente en soporte digital, en todas las librerías online que ofrecen epubs", señalan desde la editorial.
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Estados Unidos ha acabado con su principal enemigo, pero ¿qué representaba Bin Laden? Más aún, ¿quién era y qué había conseguido? La incisiva pluma de Christopher Hitchens reflexiona en El enemigo acerca de la figura que atemorizó a Occidente durante diez años, su final y su sangriento y finalmente fallido legado.
Estos títulos en soporte digital estarán disponibles en las librerías online que ofrecen epubs, así como, a partir del 20 de julio, en iTunes y en formato para iPad.


Protesta cívica contra la JMJ

  • Edición impresa  ELSA GARCÍA DE BLAS  Madrid - 18-08-2011
... escéptico. El escaparate de la librería Berkana, de temática homosexual, solo ofrece un título a la venta: Dios no existe, de Christopher Hitchens. La intención es mantenerlo así hasta que el Papa se marche de la ciudad.

REPORTAJE: Memorias del gran bocazas
Artículo en El País con motivo de la publicación de sus memorias. Acceso 20/08/2011
 REPORTAJE: libros Memorias del gran bocazas

Christopher Hitchens repasa su vida de impenitente polemista en 'Hitch-22'

TONI GARCÍA - Barcelona - 20/08/2011
Christopher Hitchens (1949), de quien se publican en España sus memorias, Hitch-22 (Debate), es un bicho raro y conviene saberlo antes de enfrentarse a él: un señor de izquierdas, bebedor profesional, admirador de Trotsky, azote de Noah Chomsky y Michael Moore. Capaz de presentarse voluntario a una sesión de tortura (el famoso waterboarding, una simulación de ahogamiento que el Gobierno de George W. Bush reconoció haber utilizado con profusión) para saber qué se sentía o de ser invitado a un congreso de los laboristas británicos para acabar hablando a favor de la guerra de Irak y apelando a la valentía de los demócratas.
En 2010, al autor le fue diagnosticado un cáncer contra el que aún lucha Hitchens es, posiblemente, el polemista más temido del mundo, atacado por ambos flancos por predicadores, evangelistas y conservadores así como por pensadores y teóricos de todo tipo y pelaje, especialmente en Estados Unidos, país donde aterrizó en 1981 cansado de su Gran Bretaña natal y de la pereza de sus partidos políticos. Articulista incansable con una monumental base cultural, el inglés reflexiona en Hitch-22 sobre el suicidio de su madre o la gélida actitud de su padre, además de repasar una vida que le ha llevado desde la legendaria Ruta 66 a las montañas de Afganistán pasando por Irak, la España de la transición, Irán o los lodos de la Argentina de Videla.
Por sus páginas van desfilando los rostros de sus colegas Ian McEwan y Martin Amis, así como nombres fundamentales de la literatura (Borges) o hermanos de sangre del escritor, como Salman Rushdie, uno de los hombres que cimentó en Hitchens una furibunda vocación antirreligiosa (especialmente cuando altos miembros de la jerarquía católica y protestante justificaron la fetua contra Rushdie por sus Versos satánicos apelando al concepto de "blasfemia").
El autor fue también un martillo contra Bill Clinton: declaró en el proceso para echarle de la Casa Blanca. También se postuló como uno de los máximos defensores de la invasión de Irak, lo que le enfrentó con la influyente izquierda estadounidense.
Calificado en multitud de ocasiones de "disidente", definición que Hitchens rechaza a favor de otro epíteto -más acertado, según él-, el de "mosca cojonera", si algo se le reconoce unánimemente es su talla intelectual: licenciado en Filosofía, Ciencias Políticas y Economía por la Universidad de Oxford, su precisión y profundidad tanto en su labor de ensayista como en la de periodista y entrevistador, hacen del británico una de las plumas más destacadas de las últimas tres décadas.
Su impresionante volumen Amor, belleza y guerra (editado también por Debate), que aúna artículos realizados para publicaciones como National Geographic, Vanity Fair o The Nation, es una auténtica delicia donde pueden leerse, por ejemplo, piezas como la dedicada a la Madre Teresa de Calcuta. La religiosa, uno de los objetivos preferidos de Hitchens junto a Henry Kissinger, es la protagonista en off de un relato en el que el autor recuerda cuando el propio Vaticano le entrevistó como "abogado del diablo" (una institución que servía para que los detractores pudieran expresar su opinión en los procesos de beatificación y santificación y que fue abolida por Juan Pablo II en 1996). The missionary position: Mother Teresa in theory and practice es el título del provocador libro sobre la figura, nunca publicado en España, que fue la semilla de Dios no es bueno (Debate), una suerte de biblia del ateísmo que Hitchens publicó en 2008.
Hitch-22, que juega con el título del clásico de la literatura estadounidense Catch-22 (Trampa 22), de Joseph Heller, se lee como una novela a partes ácida y a partes nostálgica que retrata a un tipo excepcional en su inquebrantable voluntad de cuestionarlo todo. El propio autor no podía prever que en junio de 2010 debería interrumpir la promoción de sus memorias por culpa de un agresivo cáncer de esófago contra el que lucha desde entonces. Atrás quedan sus juergas alcohólicas y su pasión por el humo, pero la mosca cojonera, que quede claro, sigue ahí.

¿Eclipse de Dios?

  • Juan G. Bedoya  Madrid - 21-08-2011
... está produciendo un renacer del ateísmo y el agnosticismo. Ahí están los éxitos de libros como El espejismo de Dios (Dawkins), Dios no es bueno (Hitchens) o Tratado de ateología (Onfray). Tampoco hay que exagerar. Comparados con los anticlericales del siglo XIX, son corderos con piel de lobo
  • MARCOS GIRALT TORRENTE  27-08-2011

CRÍTICA


Memorias de un heterodoxo oficial

MARCOS GIRALT TORRENTE 27/08/2011
El autor de estas memorias, Christopher Hitchens, es un periodista y ensayista, además de conferenciante, polemista y tertuliano televisivo, muy conocido en el mundo anglosajón. Nacido en Inglaterra en 1949, pero residente en Estados Unidos desde hace 30 años, empezó escribiendo para cabeceras históricas de la izquierda como la británica New Statesman o la norteamericana The Nation. Aunque su labor profesional la desarrolló con posterioridad en otros medios aparentemente blancos como The New York Times o The Times, esa inicial andadura en la prensa izquierdista no fue casual. Hitchens ha sido durante la mayor parte de su vida uno de los heterodoxos oficiales a los que había que llamar en Washington o Londres para cualquier debate político: azote de Henry Kissinger, el exsecretario de Estado norteamericano que fomentó las dictaduras fieles a Washington en Latinoamérica; denunciante de la política de Reagan y de George Bush padre en Centroamérica; defensor de la solución de los dos Estados en Palestina..., las causas que apoyó fueron las que ocuparon a la izquierda democrática en la segunda parte del siglo XX, afán que le hizo coincidir y trabar amistad con otros intelectuales comprometidos como Susan Sontag, Edward Said o Noam Chomsky. Esta trayectoria dio un giro inesperado en 2003 a raíz de su agitada defensa de la intervención norteamericana en Irak. A explicar dicho regate dedica buena parte de estas memorias que empiezan como es canónico en un inglés: con una exacta explicación de su posición familiar en el sistema de clases británico y un recuento de su peregrinaje por los consabidos internados británicos que hasta hace no mucho garantizaban el ingreso en una universidad de primera, así como una temprana iniciación al sexo homosexual y la violencia. Tras ello, que solventa sin caer en clichés y con especial emoción en el retrato de su madre, queda claro que nos hallamos ante un escritor capaz de identificar un conflicto y su propia posición en él con escasos y ágiles brochazos sin renunciar a la exigible profundidad. Son asimismo vibrantes las páginas que dedica a la cuestión judía y a algunos amigos como Martin Amis. Es en el asunto central, su conversión al ideario norteamericano, que le hace afirmar que la única revolución en la que ya cree es la revolución americana, donde se echa de menos algún contraste. Y aun así vence la grata sensación de estar ante alguien inquieto que ni engaña ni se engaña. Algo no tan frecuente.
Hitch-22
Christopher Hitchens
Traducción de Daniel Rodríguez
Debate. Madrid, 2011
511 páginas. 29,90 euros

'Hitch 22', la escritura o la vida

Fallece a los 62 años el escritor, periodista y filósofo británico Christopher Hitchens, víctima de un cáncer de esófago

JUAN CRUZ - Madrid - 16/12/2011
A los 62 años, los grandes escritores del pasado hubieran vivido dos o tres vidas, pues algunos genios morían muy pronto dejando atrás una obra sólida o por lo menos duradera, contundente. Pero a esa edad, después de haber vivido muchísimas vidas, algunas de las cuales están en su libro de memorias (Hitch-22, Debate), ha muerto Christopher Hitchens, un gran narrador, periodista, filósofo, humanista, polemista que, desde la universidad, asustó a sus contrincantes...
Era un ejemplar humano que sirve de metáfora para leer en él, en su vida, en sus opiniones, en su literatura y en su vida, las ilusiones de la izquierda en el centro mismo del siglo XX y que sintió, también, las dentelladas de la desilusión de la gente que es de su tiempo, desde la que vivió la fantasía de vencer a Estados Unidos en la guerra de Vietnam hasta la que creyó que podía derrotar el capitalismo salvaje que preconizaba la primera ministra de su país, Margaret Thatcher...
Hitchens tuvo aquellas ideas y en ese libro expone, con un estilo rápido, lleno de un sentido del humor que él hubiera odiado que llamáramos británico, las razones por las que ahora su generación muestra la melancolía de haber sufrido las sucesivas derrotas que él narra en ese libro. Como si él y su tiempo hubiera vivido sobre un caballo loco que de pronto miró hacia atrás para advertir a los jinetes que el destino era nada.
En un momento determinado de su última obra, sus memorias, trae al libro una frase de Kierkegaard en la que el filósofo advierte que uno está condenado a vivir hacia delante y revisar hacia atrás. Hitchens, que siempre había vivido hacia delante, como periodista y como filósofo, revisó hacia atrás en sus memorias, y tuvo la virtud de contemplar ese pasado con media sonrisa que a veces se le helaba.
El texto en el que Hitchens explica su vida y por tanto establece su testamento, esa revisión de lo que pasó que le sugiere Kierkegaard, está repleto de la sabiduría que aprendió (en la escuela, en la universidad, en la vida) y que desaprendió en otra escuela, la del cinismo imprescindible para sentirse por encima de lo cotidiano en un universo en el que lo banal buscó el trayecto de lo importante y al fin lo ha suplantado.
Hitch 22 es un desfile de modelos y de antimodelos; la política como aprendizaje universitario y como experiencia de la vida (como activista, como periodista, como filósofo...), la dialéctica contra Dios y contra todo esto, los descubrimientos de las distintas fascinaciones que salieron al paso de su tiempo, Vietnam, Cuba, el periodismo... Y, por tanto, los desengaños que a él le hicieron preferir la vida a la literatura e incluso a la discusión sobre el sentido que tiene el texto en un mundo en el que un discurso termina siendo un mensaje de twitter.
De entre todas las historias que aparecen en este libro trepidante, que debe ser lectura obligada a quien quiera meterse en la conciencia de aquellos a los que les interese saber ahora qué le pasó al siglo, hay algunas que son estrictamente familiares, forman parte de la vida personal de Hitchens. Una de ellas, en esta especie de retorno a Brideshead que emprendió al final de su vida, es el relato que hace del momento en que conoce que su madre, que se había enamorado de un hombre fuera del matrimonio, decide suicidarse en el curso de un viaje de amor clandestino a Grecia. La conmoción que sufrió, los trámites de reconocimiento y otras burocracias derivadas del hecho luctuoso le dan a este gran narrador la oportunidad de enfrentarse a unas páginas difíciles con un texto de una increíble potencia. El relato de la juventud en la universidad (los escarceos homosexuales, las relaciones con los maestros, las amistades peligrosas, el cinismo como forma de ser) es en este libro otra joya que merece ser visitada también para conocer el aliento que formó esta mente que ahora desaparece.
Pero este libro que distingue a Hitchens como escritor y como personaje y que narra su tiempo es mucho más que una colección de recuerdos. Lo que se siente leyéndolo es la importancia que tuvo para esa generación el aprendizaje, la escritura, la explicación del mundo desde la filosofía y desde la lectura. Es el retrato de parte de un siglo en el que todo ha cambiado quizá para que todo siga igual. Aquella frase de Kierkegaard enseña una paradoja, y se la enseña a Hitchens. Estás condenado a vivir hacia delante, pero cuando miras hacia atrás tienes la impresión de haber hecho el trayecto en vano, pues al fin te encuentras con las mismas ruinas del principio. Esa sensación, que él cuenta con un humor que es sólo suyo, tiñe el libro de una saludable dosis de melancólica ironía de la que no se salva ni Dios.

Las obsesiones de un polemista

De la guerra de Irak a la izquierda, repasamos algunos de los temas centrales en la vida del fallecido escritor Christopher Hitchens

TONI GARCÍA - Madrid - 16/12/2011
Una vez quiso experimentar en su piel el waterboarding (una forma de tortura que simula el ahogamiento), pero no fue esa la única obsesión peculiar del escritor Christopher Hitchens (1949), fallecido hoy con 62 años. Periodista, filósofo, humanista y (muy) polemista, había varios hilos conductores que caracterizaban la existencia de Hitchens. Aquí va una selección de seis asuntos que obsesionaron al narrador británico.
1) La guerra de Irak. Desde el principio, e incluso cuando se produjo el fiasco de las armas de destrucción masiva, Hitch apoyó la estrategia del gobierno Bush. Su teoría, que abundaba en el hecho de que el país estaría mejor sin Sadam, se confirmó solo a medias. La izquierda estadounidense en pleno le repudió por ello y Noam Chomsky se convirtió en un enemigo (aunque Chomsky salió bastante más perjudicado que el británico). La aventura le granjeó extraños compañeros de viaje entre los neocons americanos. Le durarían poco: Hitchens se dedico después a destruir a Bush en incontables artículos.
2) El ateismo. Cuando era inevitable que el cáncer le ganara la batalla al escritor alguien le preguntó si empezaba a creerse la existencia de Dios, aunque fuera solo para contrarrestar el hecho de que cuando dejara de existir no habría nada. Hitchens contestó que estaba enfermo pero no loco. Su biblia de los ateos, Dios no es bueno (publicado por Debate) incide en su odio por la religión, que adquirió la velocidad de un cohete cuando una fatwa condenó a su amigo Salman Rushdie. Ni el Dalai Lama, ni Ghandi, ni por supuesto el Islam (que él consideraba puramente fascismo) se libraron de sus pullas.
3) La Madre Teresa de Calcuta. A tal punto llegó la guerra que el polemista declaró a la religiosa que el propio Vaticano le hizo llamar para saber su opinión en el proceso de beatificación de ésta. Su libro sobre ella, La postura del misionero (inédito en España) es una auténtica bomba de relojería donde destapa las relaciones de la madre Teresa con millonarios ultraderechistas, su filosofía del sufrimiento y su huída a Estados Unidos para tratarse de su enfermedad en una prestigiosa clínica privada. Además recuerda que cuando le dieron el Nóbel de la Paz la religiosa argumento que "el mayor problema para la paz es el aborto".
4) Henry Kissinger. El antiguo secretario de estado (que en un -particularmente- delirante momento de la historia recibió el Nobel de la Paz) es reducido a cenizas por Hitchens en Juicio a Kissinger, un libro que como él mismo escritor declara "sólo pretende llevar a Kissinger a la cárcel". En el mismo se detalla el papel del político en la guerra sucia que convirtió América del Sur en una alcantarilla allá por los '70 y '80 y la retorcida personalidad de éste a la hora de tomar decisiones.
5) El alcohol. "No ha habido nada que hubiera valido la pena cambiar por esa segunda botella" declaraba recientemente Hitchens a cuenta de si había valido la pena todas esas noches sin dormir y todo el alcohol que se había metido en el cuerpo. El escritor, un bebedor profesional, siempre asoció el whiskey y el buen vino a su capacidad para escribir (no sin poco cachondeo por su parte) y siguió gozando de su compañía hasta el último día. Hasta en sus memorias habla de ello con la sorna que le caracteriza para sentenciar que "ahora ya no miro la hora antes de tomar una copa".
6) La izquierda. Para Hitchens, que había pertenecido a la Internacional Socialista y se autodefinía como "trotskista" el pobre papel de la izquierda en su Gran Bretaña natal y en Europa en general era motivo de frustración. Para él, anatema de los teóricos que nunca pasaban a la práctica, la inmovilidad de los pensadores y militantes llevaba a la derecha a todas partes. Su -impecable- discurso ante el Partido Laborista a favor de la guerra de Irak en sus propias narices (el Congreso del Partido, al que ya nunca más fue invitado) y su marcha a los Estados Unidos a principios de los años '80 convirtieron a Hitchens en un tipo temido. En América el escritor se dedicó a poner a parir a Michael Moore (al que no podía ver ni en pintura) y a enfrentarse con religiosos, conservadores, liberales, abogados, políticos, escritores, cineastas y en general con todo el mundo.
  • Edición impresa  ANTONIO CAÑO. Washington - 17-12-2011

REPORTAJE


Vida y muerte de un escritor al límite

Con el fallecimiento de Christopher Hitchens desaparece una figura inclasificable de la literatura, el periodismo y el ensayo - El polemista sucumbió al cáncer de esófago

ANTONIO CAÑO - Washington - 17/12/2011
Aspirante sin reservas al título de mayor polemista de nuestro tiempo, Christopher Hitchens, muerto el jueves a los 62 años en Houston como consecuencia de un cáncer de esófago, era un modelo excepcional de intelectual al límite, de esos, sin contemplaciones, que obligan al público a tomar drásticamente partido entre los extremos, entre la civilización o la barbarie, la justicia o la tiranía. Se puede discrepar de su visión sobre esos conceptos, pero no de su valentía para abordar las dudas y los conflictos contemporáneos con la misma limpieza y atrevimiento que George Orwell, su paradigma.
Teresa de Calcuta, Jomeini, Clinton y Martin Amis fueron sus 'víctimas'
El título de su último libro, Arguably (Discutible), una colección de ensayos, es un reflejo de la interpretación de su papel en el mundo. Escribía y hablaba, sobre todo hablaba, inconteniblemente, respecto a cualquier acontecimiento relevante y sin piedad. Utilizaba la provocación como un vehículo hacia el conocimiento. Consideraba la discusión el instrumento imprescindible para alcanzar la verdad, y entendía que a esta solo se podía llegar liberado de cualquier atadura política, religiosa o incluso emocional. No conocía fronteras en su afán de consecuencia. No le tembló el pulso para reconocer en su autobiografía, Hitch-22 (Debate), el desprecio hacia su padre, un oficial burócrata de la Armada británica. Ni tuvo escrúpulos en escribir contra su mejor amigo en vida, Martin Amis, después de la publicación de un libro en el que entendía que este se había burlado de las víctimas de Stalin.
El dictador ruso era su prototipo de la maldad. Se pronunció contra todos los tiranos de su época, desde Pinochet a Milosevic, y azotó por igual a derecha e izquierda cada vez que creía detectar un ataque a la razón o un abuso de poder. Escribió un libro contra Henry Kissinger, a quien consideraba un criminal de guerra, y otro contra Bill Clinton, a quien tenía por un político manipulador y mentiroso. Escribió contra la madre Teresa, a quien creía una iluminada que pervertía el Tercer Mundo con sus mensajes retrógrados, y contra el ayatolá Jomeini, especialmente después de la fetua emitida por Irán contra su amigo Salman Rushdie.
Se le tiene como el inventor del término islamofascismo. Brillante e imaginativo siempre, Hitchens era un gran inventor de palabras. En esta se resume perfectamente la intolerancia y el peligro que representa el radicalismo islámico, uno de los fenómenos que con más firmeza combatió.
Espíritu libre hasta el final -pasó sus últimos días en el Anderson Cancer Center de Houston sin tratamiento médico para poder morir en paz-, Hitchens se ganó múltiples enemigos por abominar de cualquier Dios. Jamás se retractó del alegato antireligioso de su libro más famoso, God is not great (Dios no es bueno, en la edición española de Debate). Y, aunque descubrió hacia la mitad de su vida que su madre, a la que adoró, era judía y, por tanto, él también lo era, eso no le desató mayor curiosidad por el alma del judaísmo ni templó sus críticas al Estado de Israel.
Aunque dio varios quiebros en su vida, como el tránsito de su juventud trotskista a su apoyo a la guerra de Irak, no se le conocen rectificaciones significativas de sus opiniones expuestas como adulto. Explicó varias veces que, en su respaldo a la aventura iraquí, primó su odio a los sátrapas sobre cualquier otro factor, y así lo sostuvo hasta el final. Persistió y defendió también su desmedida afición al alcohol y al tabaco, pese a que era consciente de que esto último había acabado provocando su cáncer de esófago.
Su cigarrillo le sirvió además de bandera de independencia en Estados Unidos, a donde llegó en 1981 y cuya nacionalidad adquirió. El pitillo de Hitchens, en tiempos dominados por la presión de lo conveniente, fue siempre un acto de rebeldía contra el poder de lo políticamente correcto en Washington, ciudad donde tenía su residencia.
Indomable en sus actos y en sus palabras, deja un ejemplo que no es fácil de seguir. Se ha comparado su escritura con la de Oscar Wilde y Lord Byron. Su amigo el novelista Christopher Buckley -que lo fue, pese a los continuos ataques de Hitchens hacia su padre, el influyente pensador conservador William Buckley- lo ha calificado como "el más grande ensayista en lengua inglesa". También fue un gran periodista. Pero es su papel como polemista, como agitador contra el pensamiento dominante, lo que hará que le echemos de menos, ahora que tanta falta hace.


  • Edición impresa  J. RODRÍGUEZ MARCOS  Madrid - 17-12-2011
Literatura de verdad

J. RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 17/12/2011
Solo en un mundo que identifica narrativa y ficción se comprende que Christopher Hitchens no ocupe el lugar que le corresponde al lado de Ian McEwan, Salman Rushdie y Martin Amis, amigos suyos y protagonistas de muchas de las páginas de Hitch-22 (Debate), un volumen de memorias que bastaría para garantizarle a su autor un puesto en la historia de la literatura. Solo el relato del suicidio de su madre -fugada con un amante- tiene más fuerza literaria que la mayoría de las novelas. Pero lo más cerca que estuvo Hitchens de algo ficticio fue el día en que, para su orgullo, Amis lo convirtió en personaje de La viuda embarazada, su último libro.
Por usar un símil de Rafael Sánchez Ferlosio, hay escritores que saben tejer (escribir) y otros que saben hacer jerséis (escribir novelas). Hitchens optó por lo primero. Hasta el minuto final. Hace unos meses apareció su última recopilación de ensayos, Arguably, y el año que viene se publicará Mortality, que reúne los textos de Vanity Fair en los que relata los avatares de su cáncer de esófago. Alguna vez contó que escribía cada día mil palabras publicables (algo más de tres folios de los de antes). Y era cierto, hubiera bebido lo que hubiera bebido. Recién salido de Oxford y tan amigo de la verdad como de sus amigos, prefirió la realidad a la imaginación y eligió el periodismo como género, por más que dijera que lo adoptó para no tener que depender de los periódicos para informarse.
Cuando murió Kapuscinski se dijo que el Nobel había perdido la oportunidad de premiar a un autor de no ficción, algo que no sucede desde Churchill (1953). De Hitchens se ha dicho que era una mezcla entre Voltaire y Orwell y le ha faltado una novela para ser del todo como el autor de 1984, al que dedicó una brillante biografía intelectual: La victoria de Orwell (Emecé). Rabiosamente laico y volteriano en Dios no es bueno (Debate), el libro que en 2007 lo sacó de su rincón de polemista favorito de Susan Sontag y Gore Vidal, corresponsal en todas las guerras y cronista de las miserias de Kissinger, Clinton o la Madre Teresa, "más amiga de la pobreza que de los pobres", en cuyo proceso de beatificación Hitchens ejerció, a solicitud del Vaticano, como abogado del diablo. Como suena.
"La gente como masa tiene muy a menudo una inteligencia inferior a la de sus partes integrantes", escribió en Cartas a un joven disidente (Anagrama), tal vez la mejor puerta de entrada a un mundo en las antípodas de lo que su autor llama la "Disneylandia de la mente": el consenso acrítico del "rebaño de mentes independientes". Zola, Oscar Wilde y Václav Havel son algunos de los modelos de escritor comprometido reivindicados por alguien que defiende que para ser disidente -un mérito, no un título- no bastaba con disentir, hay que arriesgarse. Christopher Hitchens corrió todos los riesgos y su escritura es lo que queda de ello. Erudición, observación y precisión son los rasgos de un estilo atravesado por la ironía, compasivo y demoledor a un tiempo, según los bandos. No hace falta estar de acuerdo con sus razones para estarlo con su manera de razonar. Como a todos los grandes escritores, le cuadran perfectamente las palabras de Thomas Mann sobre György Lukács: mientras hablaba tenía razón.



www.elmundo.es
FILOSOFÍA | A los 61 años

Muere Christopher Hitchens, autor de 'Dios no existe'

Christopher Hitchens, en junio de 2010. | ReutersChristopher Hitchens, en junio de 2010. | Reuters
Christopher Hitchens (1949, Portsmouth, Reino Unido) murió anoche en el hospital MD Anderson Cancer Center de Houston, enfermo del mismo cáncer de esófago que acabó con su padre y que él mismo retrató en una serie de artículos en la revista 'Vanity Fair'. Ese relato, la última gran obra del autor de 'Dios no existe', hace aún más conmovedora la noticia de su muerte.
"A su manera, este nuevo país [el cáncer] es hospitalario. Todo el mundo sonríe para darte valor, aparentemente no hay racismo. Prevalece un espíritu igualitario y los habitantes con prestigio parecen habérselo ganado a partir del mérito y el trabajo duro", escribió Hitchens en mayo de 2011, en uno de esos textos que hacían recuento de la decadencia física y analizaban el encuentro con el dolor de la enfermedad.
Hitchens ha sido una figura extraña para las categorías de intelectual que tenemos en España: a medias periodista, a medias filósofo, polemista, exhibicionista, 'bon vivant', locuaz, dispuesto a meter la pata... Su vida (anterior a la enfermedad) quedó retratada en la biografía 'Hitch 21' que apareció en nuestro país en edición de Debate. Su historia, en resumen, es esta: hijo de una familia de clase media con voluntad de prosperar socialmente, fue a Oxford y cogió aliento en el caldo de cultivo de la contracultura de los 60 y 70. Entró en el Partido Laborista pero le echaron por "radical" (una etiqueta a la que nunca renunció). Escribió sobre Orwell, Dostoievski y Koestler, trabajó de periodista, vivió bastante salvajemente, fumó, bebió e intimó con compañeros de generación como Martin Amis e Ian McEwan.
Así pasaron los años 70 y parte de los 80. Después, Hitchens se fue desgajando del 'mainstream' de la izquierda intelectual, hasta romper definitivamente con ella, enfurecido, a raíz de la fatua contra Salman Rushdie, en 1989. A Hitchens le indignó la pusilánime respuesta que muchos de sus colegas dieron a la condena que emitió el ayatolá Homeini. A partir de ahí, tenemos al Hitchens que conocemos en España: un liberal amante de la confrontación intelectual, empeñado en denunciar los lugares comunes del pensamiento socialdemócrata, pero, al mismo tiempo, libre de cualquier rasgo conservador. Hitchens se instaló en Estados Unidos y se volvió un abogado de su modo de vida, pero, al mismo tiempo, mantuvo su modo de vida 'bohemio'. Atacó a los Clinton y a la Madre Teresa, pero también escribió libros como 'Dios no existe', que es, exactamente, lo que su título promete.
Después, llegó 'Hitch 22', que más que una biografía es una historia político-intelectual de la generación de Hitchens, y su 'addenda': los artículos de 'Vanity Fair' sobre el cáncer: "Como tantas experiencias en la vida, el diagnóstico de un cáncer maligno tiene tendencia a ir desnudándose. Van cayendo los velos de una manera casi banal". No se reconcilió con Dios ni con casi nadie. Otra cosa hubiera sido una decepción.

www.elcultural.es Hitchens, en 'El Cultural'

Hitch-22 Christopher Hitchens

Traducción de Daniel Gascón. Debate. Barcelona, 2011. 560 páginas, 29'90 euros

Bernabé SARABIA | Publicado el 24/06/2011
Británico de nacimiento, ciudadano norteamericano por voluntad propia y judío por su madre, Hitchens es uno de los ensayistas más polémicos de las letras anglosajonas. Desde su constante presencia en los medios de comunicación ha criticado y discutido muchos de los valores socialmente aceptados. Un autor de talla mundial, célebre por sus opiniones a contracorriente como Gore Vidal, que le consideró con grandes alharacas su heredero. Tras años de admiración mutua se rompió el idilio en 2010. Hitchens le acusó de no aceptar la versión oficial de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y publicó un vitriólico artículo en Vanity Fair titulado “Vidal Loco” en el que destrozaba a su viejo amigo.

Christopher Eric Hitchens, “the Hitch”, como le puso su mejor amigo, Martin Amis, y le llaman muchos de sus conocidos, nació en 1949 en Portsmouth. En la gran base naval estaba destinado su padre, “el comandante”, un marino de pocas palabras y de ideología conservadora. Sometidos a los cambios de destino derivados de las exigencias militares de un oficial de la marina de guerra, los Hitchens tuvieron un segundo hijo, Peter, en la isla de Malta y llevaron una vida decorosa y aburrida en la Inglaterra empobrecida y gris de la postguerra.

Lo que parecía un matrimonio de jóvenes sanos y animosos forjado en la II Guerra Mundial, cuyo destino simulaba ser el de tantos otros de la ordenada clase media inglesa, comenzó a torcerse en la adolescencia de Hitchens. Su madre, Yvonne, no era sólo la abnegada esposa de un oficial que asiste al desplome del grandioso Imperio Británico y que en consecuencia queda jubilado antes de tiempo. Yvonne era también una judía de origen polaco-alemán que había ocultado su identidad a su marido, hijos, amigos y empleadores. El mundo de su esposo le venía pequeño, se aburría y le pesaba la vida. Deseando que sus hijos dieran un salto hacia arriba en la estratificada sociedad inglesa, Yvonne envió a Hitchens a un colegio privado por encima de las posibilidades familiares. El retrato que hace Hitchens de su vida en el colegio está lleno de una brutalidad que se mueve entre la obscenidad y la épica. Castigos físicos administrados como lo más natural del mundo, sodomía y masturbación solitaria y mutua. Al mismo tiempo, profesores dedicados y competentes, mucho deporte y un ejercicio físico que se le daba mal a un Hitchens que pronto aprendió a defenderse con las palabras, el instrumento con el que acabaría ganándose, y bien, la vida.

En estas memorias, escritas a hilo del tiempo y del desarrollo de su protagonista, lo que destaca no es tanto el montaje del texto, que es bastante tradicional, sino la sinceridad acerada con la que se expresa Hitchens. En su autobiografía es tan brutal como en sus polémicas. Para apreciar el tremendo relieve que pone Hitchens en su escritura baste recordar no ya las descafeinadas memorias de tantos diplomáticos sino el texto autobiográfico de Tony Judt (Londres, 1948-Nueva York 2010), El refugio de la memoria.

Educados ambos en colegios privados, Oxford y Cambridge. Trasplantados a Estados Unidos, divorciados con hijos jóvenes, judíos y ensayistas. Dos vidas superpuestas en el tiempo y en el espacio y sin embargo dos relatos bien distintos. El de Judt con un horizonte reflexivo como punto de fuga para no entrar en detalles escabrosos; el de Hitchens decidido, al grano, sin evitar embarrarse en la cruda verdad de los hechos. No deja de ser curioso que Judt muriese el año pasado sin capacidad de expresarse oralmente y a Hitchens se le haya diagnosticado un cáncer, la primavera pasada, que le ha dejado sin habla.

Los turbulentos años juveniles que corona Mayo del 68 transcurren para Hitchens en uno de los mejores lugares del mundo: Balliol College, un templo del saber universitario desde la Edad Media. El lector sigue en primera fila el devenir académico, político y social de la Universidad de Oxford. Hitchens se convierte en un activista de la izquierda presente en las grandes veladas de la Oxford Union. En esos años se cuece su “antiteísmo”. Dios no es bueno y Dios no existe serían publicadas por Debate en 2008 y 2009. Su primera crítica a las religiones monoteistas “del libro” se extiende, como vemos en Hitch-22, al resto de las creencias. Es famosa su discusión, ante las cámaras de la televisión canadiense, con un Tony Blair recién convertido al catolicismo. En Oxford, Chistopher Hitchens comienza a convertirse en lo que será años después “un intelectual público” que se gana la vida reconvertido en periodista dotado de una especial facilidad para relacionarse con todo tipo de personajes.

Instalado en Londres tras sus años universitarios, le estalla en 1973 la muerte de su madre en un suicidio pactado con su amante en un hotel de Atenas. En el cansancio de la vida cotidiana con “el comandante”, Yvonne se había enamorado de un ex clérigo, y en un gesto muy británico decidió no divorciarse, aparentar que todo seguía igual en su matrimonio pero vivir la mayor parte del tiempo con su amante. Ambos se fugaron sin previo aviso con la vaga idea de irse a vivir a Israel. Hitchens tuvo que ocuparse de todo.

En 1981 Hitchens emigra a Estados Unidos. Bebe, fuma y fornica de forma exagerada. Instalado en Nueva York y Washington, sigue viajando por todo el mundo a la vez que cultiva su extensa agenda repleta de intelectuales y políticos. Sus agresivos textos contra Bill y Hillary Clinton, la Madre Teresa, Henry Kissinger, Ronald Regan o George H. W. Bush le proporcionan una fama internacional que se completa con su curiosa defensa de la invasión de Irak. A partir de ahí cambia su posicionamiento ideológico hacia la derecha. Viejos compañeros de viaje como Noam Chomsky romperán la relación con él.

Se cierra este volumen con tres reflexiones de enorme interés. La primera se refiere a la relación con los tres hijos habidos en sus dos matrimonios. Hitchens transmite preocupación por el devenir de unos seres a los que no ha dedicado demasiado tiempo. A la vez quiere sentirse orgulloso de ellos, sabe que leerán Hitch-22 y desearía sentirse perdonado. Son sus páginas más blandas y mucho de lo que escribe suena a mampostería.

Las otras dos reflexiones tienen que ver con su identidad angloamericana y sus antecedentes judíos. Aquí le sucede como al Hessel de Indignados o al Tony Judt de Postguerra. Sus ideales chocan con las políticas de acoso del Estado de Israel hacia los palestinos. Las páginas dedicadas al análisis de los ingleses en EE.UU. son memorables. Aunque muy brevemente, le dedica unas líneas al culto a Winston Churchill. El lector en español encontrará en Amor, Pobreza y Guerra (Debate, 2010), una reciente recopilación de artículos, la referencia ampliada. En el artículo “Las medallas de sus derrotas” ofrece una visión del político británico como objeto de culto entre los presidentes norteamericanos que mueve a la carcajada si no fuera porque la visión que ofrece Hitchens de Churchill es la de un ser falso y patético. Tras cerrar este singular volumen el lector se queda con la duda de si su título deriva de la famosa novela de Joseph Heller, Catch-22. Publicada en 1961, es una sátira de la burocracia que rodeó el final de la II Guerra Mundial. Quizá su punzante ironía le haya servido de inspiración a Hitchens.

FILOSOFÍA | Christopher Hitchens

Con cáncer y sin Dios

Hitchens, en cuatro momentos de una reciente entrevista en la CBS.Hitchens, en cuatro momentos de una reciente entrevista en la CBS.
  • El autor de 'Dios no existe' relata su enfermedad sin apearse de su ateísmo
Hitchens, enfermo de un cáncer de esófago que fue diagnosticado el pasado verano, se ha embarcado en un extraño experimento: la exhibición, más o menos intelectualizada, de su proceso de enfermedad y decadencia física. ¿Hasta la muerte? Probablemente. Él mismo ha dicho que sus probabilidades de llegar vivo a 2015 son muy pequeñas.
La anécdota siniestra de esta historia es que la noticia del cáncer de Hitchens llegó cuando el autor estrenaba sus memorias: 'Hitch 22'. Y una de las gracias del libro era el recuento de anécdotas salvajes en la vida del filósofo. Muchísimo alcohol (Johnny Walker con agua de Perrier), muchísimo tabaco (hasta que lo dejó en 2008), algún que otro romance, alguna pelea (con su hermano, la más chistosa)...
Pero Hitchens no se arrepintió de nada tras conocer su diagnóstico. El verano pasado, también en las páginas de 'Vanity Fair', Hitchens publicó 'Topic of cancer', su primer texto sobre el cáncer, una crónica del descubrimiento de la enfermedad.
"A su manera, este nuevo país [el cáncer] es hospitalario. Todo el mundo sonríe para darte valor, aparentemente no hay racismo. Prevalece un espíritu igualitario y los habitantes con prestigio parecen habérselo ganado a partir del mérito y el trabajo duro".
Su tesis: no hay que pedir perdón, hay que asumir las consecuencias de un modo de vida y, sobre todo, no hay ni pizca de duda respecto a Dios (Hitchens es conocido, entre otros libros, por sus ensayos en defensa del ateísmo).
Después, el filósofo no ha dejado de dar entrevistas en las que su enfermedad era el gran asunto. Su pelo ha ido desapareciendo; su cara se ha ido hinchando. No por eso ha dejado de escribir, con ganas de pelea, como en los viejos tiempos. Se quejó por el retrato complaciente de Winston Churchill en 'El discurso del rey', le cantó las 40 a Noam Chomsky por sus reflexiones sobre la muerte de Bin Laden, etcétera.
Ahora, el filósofo cuenta que el nuevo "capricho" del cáncer ha consistido en dejarle sin voz. "Como la salud, la pérdida de la voz es algo que no puede ser imaginado hasta que ocurre. Antes, como todo el mundo, jugué a eso de '¿qué prefieres ser, mudo o ciego?', pero no lo pensábamos seriamente".
'Hitch 22' en el blog de Arcadi
   

       

El séptimo hombre más influyente del mundo es ateo (y tiene cáncer)

“Hay que ver a la religión como nuestro primer y peor intento por explicar las cosas”, afirma Christopher Hitchens.
   


Christopher Hitchens está en el séptimo lugar entre cien nominados en la encuesta anual de la revista Time para conocer a las personas más influyentes del mundo según el criterio de sus lectores. Aunque es frecuente verlo bien posicionado en estos listados, su relevancia actual se debe a un cambio de sus convicciones políticas y a su actitud combativa frente a cualquier tipo de creencia religiosa. En abril de 2011 se cumplirán 62 años de su nacimiento en Portmouth, Inglaterra. Un célebre ateo y uno de los más versátiles, ingeniosos y entretenidos escritores y periodistas de nuestra época. Reconocido por ser un verdadero polemista y malpensante, compañero de causas de minorías como las de la inexistente nación de Kurdistán y los derechos de la población LGBT, en fin, es un defensor de la moral pública y de los derechos contenidos en la libertad individual, al tiempo que el peor enemigo de la ambigüedad y la corrección política que encubre los peores fines.
En junio de 2010 fue diagnosticado con cáncer de esófago en estado 4. Desde entonces ha estado más que nunca en el foco del debate público y en las oraciones y cartas de devotos y jefes religiosos de diversos fondos, que esperan una mejoría de su salud, pero sobre todo, una conversión de último momento dada su grave condición física y su reconocida beligerancia como librepensador ajeno a cualquier credo. Él, sin embargo, contra cualquier pronóstico de una persona que está en los últimos días, ha decidido mantener sus convicciones como antiteísta –aquellos que no sólo no creen sino que declaran su oposición a la existencia de cualquier divinidad‒, como prefiere ser llamado, y se ha acogido a la quimioterapia y a un tratamiento experimental con células madre. Su comportamiento semeja el padecimiento, el estoicismo y la rebeldía del personaje de Diálogo entre el moribundo ateo y el sacerdote, del también incrédulo y frugal Marqués de Sade, insigne personaje de los años de la Ilustración, tan apreciados por el autor británico quien es tratado en Bethesda, Maryland, paradójicamente, por el médico cristiano Francis Collins, actual director del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos y pionero de las investigaciones con el genoma humano y autor del libro ¿Cómo habla Dios? La evidencia científica de la fe; una publicación intencionada hacia la reconciliación entre fe y ciencia.
Hitchens es descendiente de una estirpe de marinos y militares británicos. Su abuelo Harry luchó y sobrevivió durante la Primera Guerra Mundial a la batalla de Jutlandia en 1916, y su papá, Eric, participó en el hundimiento del acorazado nazi Scharnhorst, en 1943, desde el barco británico Jamaica durante la Segunda Guerra Mundial. Su mamá, Yvonne, se suicidó con una sobredosis de fármacos en 1973 junto a su amante en Grecia. Tiene un hermano, Peter Hitchens, también columnista y escritor con posturas vitales y políticas opuestas, con el que se ha batido en paneles académicos, televisivos y en columnas de opinión en muchas ocasiones. Christopher Hitchens, además de ser una figura clave en el periodismo y en círculos políticos de alto nivel en Washington, también es el papá de Alexander y Sophia, que tuvo con Eleni Meleagrou, y de la pequeña Antonia, que tuvo con la periodista Carol Blue, su segunda esposa. Del nacimiento del primero de sus hijos, el único hombre, dijo sin afectaciones que ese día “había reconocido al maestro de ceremonia de su propio funeral”.
Aunque estuvo por décadas afiliado a la izquierda más radical, al punto de declararse trotskista y ser un miembro revoltoso de la Internacional Socialista y columnista de medios con ideas afines, dos hechos cambiaron sus posiciones en las tres décadas pasadas, de manera irreversible, como epifanías, hasta hacer que hoy en día se autodefina como independiente. El primer hecho fue la declaración de fetua, en 1989, de parte del iraní Ayatolá Khomeini, que ordenaba a los fieles musulmanes en el mundo entero el asesinato de su amigo Salman Rushdie, escritor indio, perseguido por ser el autor de Los versos satánicos, llenos supuestamente de herejías  y de ataques, eso sí, a la fe islámica. El segundo detonante de su viraje político fueron los hechos ocurridos el 11 de septiembre de 2001. A propósito, su rompimiento con la izquierda lo llevó a escribir para medios de derecha y a romper con sus antiguos camaradas, entre ellos, Noam Chomsky  y Gore Vidal, quien manifestó creer en un plan de conspiración local como los verdaderos móviles de lo acontecido en 2001. Hitchens rechazó tales teorías y rompió con uno de sus colegas y defensores más cercanos.
Después de sus cambios de facciones y de saber su enfermedad, nunca ha mostrado arrepentimiento por los bandos ideológicos por los que ha tomado partido, ni se aflige por haber llevado una vida bohemia de rico sibarita, porque sabía que todo esto le podía traer consecuencias trágicas como las actuales. Fumar tabaco  y beber su whisky preferido, dice, le han permitido concentrarse y no aburrirse ni ver aburridos a los demás, con claros ecos de unas afirmaciones de Mark Twain y de su mamá, que le enseñaron a abominar el tedio. Hoy conserva el buen ánimo y fanfarronea sobre su talante valiente frente al cáncer de esófago. Dice que no se hizo la pregunta predecible por el diagnóstico de “¿por qué a mí?”, sino que al contrario se dijo “¿por qué no?”. Su papá murió del mismo tipo de cáncer y él no parece buscar conmiseración de nadie ni los rezos ni cartas de devotos religiosos que abogan por su salud y salvación. Resta decir que muchas cartas también  han celebrado su malestar y lo han ligado con un castigo divino, o una señal del más allá para un ateo recalcitrante.
Desde hace años hace parte de una cofradía invisible que lo respalda y quiere de manera incondicional a pesar de sus cambios señalados, compuesta por los escritores Martin Amis, Ian McEwan y James Fenton, con quien fue compinche en sus años socialistas, antes de virar hacia la derecha o la independencia, un hecho parecido, pero no equiparable en importancia, por el bajo rasero de la injerencia real de los siguientes, a los giros dados por Mario Vargas Llosa en el mundo de habla hispana, o en Colombia con José Obdulio Gaviria. Hitch 22, sus memorias inéditas en español, inician con una premonición sobre la muerte. En una invitación a la muestra de fotografía Martin Amis y amigos, de Angela Gorgas, con algunas imágenes de la cofradía, lo ponían como muerto en un pie de foto con la palabra late ‒es decir, difunto‒ antepuesta a su nombre. Él, en vez de demandar o molestarse, pidió muchas copias de las tarjetas a la galería, con la hasta ahora errónea anotación. Llenos de ironía, revelaciones sobre los poderosos y mucha gracia van siempre los textos y el recuento de los momentos de  la vida de Hitchens: un ensayo sobre Ulises, de James Joyce, pasa a ser en su pluma una argumentación aguda sobre la masturbación; nos relata una visita a Jorge Luis Borges y al Dalai Lama lo desenmascara y nos trae la fresca noticia del monje superior de los tibetanos, otro “detestable santo en vida”, como depositario de donaciones de la secta japonesa Aum Shinrikyō, autora de los ataques con gas sarin en el metro de Tokio en 1995.
Las columnas de “Hitch”, como lo llaman sus amigos, llevan siempre un hálito de primera persona que le ha servido para informar a sus lectores y fanáticos sobre la paradoja de no creer en lo sobrenatural pero haber contraído nupcias por el rito judío, y de tener en su pasado una abuela materna judía y un abuelo paterno anabaptista. Sin embargo, mientras confiesa su vida, arremete enseguida con una diatriba antiteológica: “Todas las afirmaciones de las religiones están igualmente podridas, son falsas, deshonestas, corruptas, carecen de humor y son peligrosas”. Algunos, como George Packer, columnista de The New Yorker, han dicho que su radicalismo es el grito de un  escritor y un conferencista irreverente, frívolo y ególatra, capaz de someterse a la depilación con cera o a un simulacro de tortura de ahogamiento por el FBI, para sonar y ser el centro de atención. A las acusaciones de exhibicionismo se les antepone el pasado de un curtido reportero de guerra, siempre atento a eventos bélicos o situaciones de gran importancia, sean en el Golfo Pérsico durante la guerra de Kuwait o en 2003 con la intervención a gran escala, promovida por George W. Bush, que ha defendido en sus columnas; la guerra de guerrillas en Centroamérica o en Bosnia en la década del noventa.
Noam Chomsky era buen amigo de Hitchens, pero por diferencias rompieron relaciones.
Frente a sus detractores, blande su pasado, cuando temprano en su carrera hizo el documental Ángel del infierno y el libro La posición del misionero: la Madre Teresa en teoría y en práctica, en que develó la falta de higiene y de verdaderos cuidados médicos en los hospicios de la santa en vida, además de sus sospechosas relaciones con dictadores de la talla del haitiano Jean-Claude Duvalier y su sangriento paisano, el albano Enver Hoxa. Otros receptores de sus ataques en artículos y en charlas, en que mezcla con chispa un adjetivo, un remoquete y el dedo en la llaga en la debilidad más conocida de su víctima, han sido Henry Kissinger, Bill y Hillary Clinton. A Kissinger dedicó un libro entero para hacerle un prontuario completo para justificar su definición de “criminal de guerra”. A Clinton lo definió como un “violador y un mentiroso”, y declaró ante el FBI que su amigo, hasta poco después, Sidney Blumenthal, se había referido a Mónica Lewinsky como una acosadora. En otra ocasión dijo con sorna: “la similitud entre Lady Di –Diana Spencer‒ y las minas antipersonales es que son fáciles de echar pero muy costosas y difíciles de desechar”. Sus embestidas han ido en escalada, desde los poderosos hasta llegar a ir contra Dios, con su libro Dios no es bueno, y con discusiones en festivales literarios y en programas televisivos con pastores cristianos y rabinos. Hitchens leyó en la tumba de su papá un fragmento del Evangelio de San Juan, y reconoce la versión de la Biblia en inglés hecha por William Tyndale ‒posible antepasado del autor, porque el nombre real del traductor era compuesto por Hychyns, William Hychyns‒ como la mejor y la más útil en la formación de la lengua y la cultura anglosajona después de las obras de William Shakespeare.
Sus diatribas y posiciones equidistantes a través de los años le han llevado a contradecirse y a haber estado a favor de la Guerra de las Malvinas, del lado de su país; a abominar de la intervención griega en la isla de Chipre en los años setenta del siglo pasado y a favorecer las intervenciones de su nuevo país de adopción en Afganistán e Irak. Ha dicho que el derrocamiento del régimen de Sadam Husein fue el catalizador de las revueltas actuales contra las dictaduras militares y teocráticas en países de Oriente Medio. Al  obispo católico Emmanuel Rukundo, en Ruanda y a otros sacerdotes, lanzó: “hay que ver a la religión como nuestro primer y peor intento por explicar las cosas”.
Hitchens será recordado como un contradictor y un defensor del pluralismo religioso político y del laicismo. Un hombre con una vasta erudición activa en cada unos de sus debates y escritos contra cualquier tipo de fundamentalismo, y charlatán religioso.  Otros recordarán que siempre abogó por la separación entre Estado y religión, por el derecho al aborto y a su abierta discusión, y el respeto a los Derechos Humanos.


Se fue el ateo más prestigioso del planeta

Un cáncer se llevó a uno de los grandes polemistas de la actualidad, votado por los lectores de Time como el séptimo hombre más influyente del mundo. Este era Christopher Hitchens.





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