domingo, 6 de mayo de 2012

Geólogos Ilustres
















Geólogos Ilustres
fuente  http://www.ucm.es/BUCM/blogs/
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Protogaea de Leibniz

Javier García García 28 de Enero de 2010 a las 08:40 h

     Gottlieb Wilhelm Leibniz (1646-1716), máximo representante de la filosofía racionalista junto a Descartes y Spinoza, dominó todos los saberes de su época: además de metafísico, fue teólogo (su Teodicea viene a decir que en este mundo no hay mal que por bien no venga), matemático (inventó el cálculo infinitesimal), diplomático y consejero aúlico (casamentero de Estado), jurista, bibliotecario, administrador, ingeniero, inventor, archivero, historiador, filósofo natural y también, cómo no, "protogeólogo".
Su producción fue tan abundante que, no sólo no la publicó enteramente en vida, sino que aún no ha aparecido una edición completa de sus escritos, consignados muchos de ellos en una peculiar taquigrafía. Esto explica por qué Protogaea, la obra que recoge sus más interesantes aportaciones a la geología, no vio la luz hasta 1749, treinta y tres años después de su muerte (y casi sesenta después de escrita), lo que no impidió, sin embargo, que, como solían hacer los intelectuales de la época, Leibniz proporcionara el manuscrito a otros filósofos. "Pese a la tardía divulgación y relativo desconocimiento, suele admitirse que Protogaea fue una contribución capital a la geología en la etapa preliminar de esta ciencia" (pról., p.42), como lo reconocieron ya Buffon en su Historia natural y luego Lyell en sus Principios de geología de 1830 (pról., pp. 44-45).
Convendrá aclarar brevemente que, hasta el siglo XIX, no hubo distinción real entre la filosofía y la ciencia (llamada hasta entonces filosofía natural). De hecho, en la Antigua Grecia, los primeros filósofos, los presocráticos, se llamaban a sí mismos physicoi, esto es, físicos, pues hacían de la naturaleza, de la physis, su principal ocupación. Durante siglos, química y alquimia, por ejemplo, fueron una misma cosa, al igual que la astronomía y la astrología. La obra acaso más famosa de la filosofía moderna, el Discurso del método de Descartes, donde formula su célebre "pienso, luego existo", era en realidad el prólogo a tres ensayos que hoy llamaríamos "científicos": Dióptrica, Meteoros y Geometría.
Leibniz, como buen filósofo moderno, consideró que debía dar una explicación, no sólo metafísica, sino también física del mundo y, en este sentido, abordó en su Protogaea una ambiciosa descripción de la historia terrestre coherente con su pensamiento, que tomó base en su trabajo como ingeniero en las minas del Harz (Alemania) durante 1690, hace ahora, pues, 320 años. A pesar de ser hoy poco conocida entre las obras de Leibniz, tiene un enorme interés filosófico y científico. De hecho, "Protogaea supone la primera obra que integra en un único ensayo explicativo el origen del globo, la formación del relieve, las causas de los mares, de las fuentes, de los estratos y de los minerales, así como el origen orgánico de los fósiles" (pról. p. 51). Leibniz postula con ella una nueva ciencia a la que llama "geografía natural", clara precursora de la geología. Protogaea incluye también una serie de placas grabadas con restos de animales -destaca en particular la famosa reconstrucción de un "fósil de unicornio" (en la portada del libro)-, junto con una sección transversal de la cueva en la que se descubrieron algunos de los fósiles descritos.
Pero Protogaea también resulta muy importante desde el punto de vista metodológico. El empleo de cortes estratigráficos y el intento de introducir la secuencia histórica en el estudio de la formación de rocas, minerales, metales y fósiles son rasgos muy innovadores de la obra. Apuesta Leibniz, además, por la observación y descripción meticulosa, por basarse en lo que él llamaba "verdades de hecho", en lugar de abandonarse a una especulación sin fundamento. Leibniz argumenta al respecto que, puesto que las piedras no pueden contarnos su origen, sí cabe encontrar explicación de dicho origen por analogía con las producciones de las obras de los hombres, que no dejan de ser, de hecho, parte de la propia naturaleza. En otras palabras, aboga por reproducir artificialmente en laboratorio -"que es como llamamos a las oficinas de los químicos" (p. 127)- los procesos naturales a fin de comprenderlos, sentando con ello las bases del método científico experimental en el estudio de las ciencias de la tierra.
Al resaltar la importancia de la experiencia y la experimentación en el avance del conocimiento -algo que contradice uno de los tópicos más burdos sobre el racionalismo del XVII- sigue Leibniz en realidad la estela del pensamiento cartesiano, por mucho que a menudo lo critique. Así, por ejemplo, al final de la introducción de sus Principia, Descartes afirma que serán necesarios muchos experimentos para desarrollar sus teorías y se lamenta de que quienes deberían financiarlos no vayan a tener interés en hacerlo. ¡Ya en el siglo XVII los investigadores se lamentaban de la falta de inversiones en I+D+I!
Leibniz, Gottfried Wilhelm. Protogaea del primitivo aspecto de la Tierra y de su antiquísima historia según los vestigios de los propios monumentos de la naturaleza. Introd., trad. y notas, Evaristo Álvarez Muñoz. Oviedo, KRK, 2006, 372 p. iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Darwin Geólogo

Javier García García 11 de Diciembre de 2009 a las 20:04 h

Son muchos los atractivos de visitar El Escorial: su impresionante Monasterio, con su lonja, sus casas de oficios y sus vistas de postal desde el monte Abantos y La Silla de Felipe II, el centro histórico de San Lorenzo, La Iglesia de San Bernabé y el encanto serrano de la Villa de El Escorial, la Casita del Príncipe, el precioso bosque de La Herrería, las dehesas (que han quedado fuera del Parque del Guadarrama y ojalá sigan incólumes cuando acabe la crisis del ladrillo), etc. Pero para quienes estudiamos o trabajamos en esta Facultad, El Escorial tiene ahora un atractivo añadido: la estupenda exposición “Darwin, geólogo” llevada a cabo por alumnos y profesores del Instituto de Enseñanza Secundaria de El Escorial.
Desde aquí, queremos reconocer el magnífico ejemplo de divulgación científica, y además centrada en materia geológica, que ha supuesto esta exposición; porque atraer hacia la geología, con tan buen saber hacer, a chavales de Instituto merece aplauso y reconocimiento. Nuestro agradecimiento a los profesores del Departamento de Ciencias del IES El Escorial, que se han prestado amablemente a facilitarnos algunas fotos de la exposición y a redactar el siguiente texto como acompañamiento de las mismas:

Cartel Darwin 1"Con motivo del aniversario doble del llamado "Año Darwin" (100º aniversario del nacimiento de Charles Darwin y 150º aniversario de la publicación de la 1ª edición de "El origen de las especies" en el IES El Escorial (El Escorial) decidimos participar en la celebración realizando una exposición elaborada por profesores y alumnos y producto del trabajo de diferentes grupos y aulas. La exposición incluyó, entre otros motivos, paneles y murales elaborados por los alumnos, una pequeña exhibición de objetos representativos o relacionados con las exploraciones científicas del siglo XIX, una muestra de libros de o sobre Darwin en la biblioteca del centro y una exposición de carteles impresos y elaborados por nosotros sobre diferentes aspectos de la vida y aportaciones de Darwin, incluyendo su, a veces, olvidada faceta de contribución al conocimiento de la geología y las ciencias de la Tierra.
   
Cartel Darwin 2La exposición completa se inauguró con motivo del día del libro (23 de abril) y permaneció expuesta en su totalidad hasta el final del curso 2009/2010, mientras que la parte de carteles impresos permanecerá en los pasillos del centro hasta el final de este "Año Darwin". En ella se muestran diferentes facetas del viaje del gran naturalista a bordo del Beagle, con especial detenimiento en las escalas de Tierra del Fuego o Galápagos, la labor de Darwin como geólogo, las famosas frases de comienzo y final de su obra más influyente, su aportación a la cuestión del origen del hombre, la relación de la teoría de la evolución con la lingüística o su relación y colisión con ideas sociales y religiosas fundamentalistas (darwinismo social, spencerismo, creacionismo,...) o el uso de la caricatura en la difusión y confrontación entre las ideas darwinistas y la sociedad victoriana del XIX. En conjunto se ha tratado de dar una imagen amplia de lo que posiblemente sea la contribución individual más importante a nuestra actual visión científica del mundo y de la vida que nos ha legado el siglo XIX."
¡¡Ojalá que cunda el ejemplo!!





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“Sobre el Granito” J. W. Goethe

Javier García García - 1 de Diciembre de 2009

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), hombre universal, Cervantes de las letras germanas, máximo representante del clasicismo, padre del Sturm und Drang y el romanticismo alemán, fue muchas otras cosas además de escritor y poeta: abogado, consejero secreto, funcionario, historiador, pintor, arquitecto, filósofo, diseñador, físico, botánico… y también geólogo y hasta protopaleontólogo.
El 10% de la extensa obra de Goethe (143 tomos en la edición de Weimar) versa sobre ciencia. Como científico, sus investigaciones son obra de un competente observador de los fenómenos naturales.
Pero fue su amor por la naturaleza, el mismo que se expresa en sus obras literarias, lo que condujo a Goethe hacia la ciencia. No tenía interés alguno por descubrir en ella leyes matemáticas, pero sí sentía una insaciable curiosidad por comprender su funcionamiento íntimo, lo que le llevó de una disciplina científica a otra, buscando siempre interrelacionarlas en una visión totalizadora de la naturaleza. No compartía Goethe con la ciencia moderna la apuesta por el privilegio de lo simple. Para Goethe la naturaleza es compleja y ha de ser comprendida en su complejidad; en la naturaleza no hay saltos, sino sólo una cadena interminable de transiciones suaves, que es preciso captar mediante la observación atenta y la imaginación despierta. Goethe persigue saber "lo que mantiene íntimamente unida a la naturaleza" (Fausto). Intuición poética y una capacidad de observación fuera de lo común se funden, pues, de forma inseparable en su quehacer científico
    
     
Será sobre todo durante su etapa en Weimar, como Consejero y Ministro de Minas del Ducado de Sajonia-Weimar, cuando Goethe se embarque en investigaciones científicas. Interesado por la óptica, concibió su propia teoría de los colores distinta a la de Isaac Newton, y también investigó en química y osteología, disciplina para la que descubrió el hueso intermaxilar en 1784, que pone una de las primeras piedras en la teoría de la evolución del hombre. En botánica busca y cree encontrar la planta originaria, la Urpflanze, de cuya metamorfosis habrían surgido todas las demás, lo que plasma en su largo poema de 1790 titulado precisamente “La metamorfosis de las plantas”.  

Por lo que respecta a sus aportaciones a la geología, que por entonces estaba aún como disciplina en sus comienzos, al tiempo que escribía sus inmortales obras literarias Goethe realizó durante sus viajes frecuentes investigaciones que nos aportan gran cantidad de registros de historia natural, observaciones geológicas y bocetos. En metalurgia le fascinaban las vegetaciones que forman las precipitaciones progresivas de las sales. Su colección de piedras, perfectamente clasificadas, llegó a las 19.000 piezas, una de las cuales lleva su nombre: goethita (óxido de fierro monohidratado)          

Uno de sus principales intereses consistía en intentar comprender los procesos de formación de las rocas, como el basalto y el granito. 
Buen ejemplo de ese interés y del peculiar modo de entender la ciencia por parte de Goethe es el breve y precioso escrito que hoy os proponemos leer y que cumple en 2009 sus 225 años: “Sobre el granito”. Disponéis también en la red del original en alemán.
  

 ¡Que lo disfrutéis!

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Kant sobre las causas de los terremotos

buc_geo@buc.ucm.es 23 de Noviembre de 2010 a las 12:18 h

 "Sobre las causas de los terremotos" (1756) - Immanuel Kant
El devastador terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755 y sus posteriores réplicas produjeron, además de numerosas víctimas (alrededor de 90.000) y grandes destrozos (entre otros, la virtual aniquilación de Lisboa), también un terremoto intelectual en Europa.
Fueron muchos los intelectuales y teólogos ilustrados que debatieron cómo podía conciliarse semejante catástrofe, acontecida además un Día de Todos los Santos, con la bondad infinita de la Divina Providencia. Al mismo tiempo, aquello "despertaba la curiosidad" y exigía "al científico de la naturaleza" -en palabras de Immanuel Kant- que intentase explicar esos fenómenos tan inquietantes  "con los conocimientos que puedan proporcionarle la observación y la investigación".
Entre 1756 y 1757 un joven Kant, recién nombrado profesor universitario, que aún no había desarrollado su filosofía crítica y que estaba muy volcado en temas de geografía física, escribe tres pequeños tratados dedicados a los terremotos. El propio Kant era plenamente consciente de lo poco que podía afirmarse entonces con certeza sobre estos fenómenos tan peculiares. Al respecto, afirma elocuentemente al comienzo del primero de los tres ensayos, "Sobre las causas de los terremotos" (1756):
 "Yo renuncio al honor de cumplir este deber en toda su amplitud y se lo dejo a quien pueda jactarse, si alguien así apareciera, de haber penetrado en los secretos internos de la Tierra. Mi reflexión será por eso sólo un esbozo. Para explicarme con franqueza, contendrá casi todo lo que se puede decir hasta ahora del tema con probabilidad, aunque ciertamente no sea suficiente como para satisfacer aquel juicio estricto que examina todo con la piedra de toque de la certeza matemática. Habitamos tranquilamente en un suelo cuya base es sacudida de vez en cuando. Construimos, sin preocuparnos, sobre bóvedas cuyos pilares vacilan a veces y amenazan con desmoronarse. Descuidados de la fatalidad, que quizás no se halle tan lejos de nosotros mismos, cedemos el lugar del miedo a la compasión cuando nos percatamos de la desolación que causa en nuestros vecinos la catástrofe oculta bajo nuestros pies. Constituye sin duda un favor de la Providencia el que no seamos perturbados por el miedo a semejantes fatalidades, contra las cuales toda posible preocupación no puede hacer lo más mínimo para impedirlas, y nuestro sufrimiento real en tales casos tampoco puede contribuir a aumentar el miedo ante lo que consideramos sólo como posible."
 Estos ensayos sobre los terremotos se insertan dentro de la preocupación general de Kant por comprender de forma unitaria y global los diversos fenómenos de la naturaleza, de manera tal que experiencia y especulación racional, ciencia y filosofía colaboran, aún sin clara delimitación, en la tarea común de conocer y descifrar los enigmas del mundo que nos rodea.
Para quien tenga curiosidad por leer y conocer estos interesantes ensayos, puede hacerlo en versión traducida pinchando aquí. Que los disfrutéis
 Immanuel Kant (Königsberg, Prusia, 22 de abril de 1724Königsberg, 12 de febrero de 1804) fue un filósofo prusiano de la Ilustración. Es el primero y más importante representante del criticismo y precursor del idealismo alemán y está considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal.

  
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Homenaje a Wilson Bentley, el “hombre copo de nieve”

Ana García Espino y Javier García García 22 de Diciembre de 2009 a las 19:31 h


“Wilson Alwyn "Snowflake" Bentley (9 de febrero, de 1865 – 23 de diciembre, de 1931), conocido por todo el mundo como The Snowflake Man (El hombre copo de nieve) nació en Jericho, en el estado de Vermont, (EEUU). Fue el primer fotógrafo conocido de cristales de nieve.
 Desde pequeño se entusiasmaba con los fenómenos meteorológicos, pero, muy especialmente, con la nieve. Educado en una granja y sin apenas estudios se interesó por la microfotografía desde muy joven, siendo pionero en el estudio de los cristales de hielo que forman los copos de nieve. Adaptó un microscopio a una cámara fotográfica y durante años intentó observar la estructura de los cristales de hielo sin éxito. Pero en 1885, cuando tenía 20 años, consiguió captar la primera imagen: era el primero que lo conseguía. Se quedó maravillado ante la belleza del cristal.
A partir de aquel día, no cesó de  capturar y estudiar más de 5.000 cristales de nieve, no encontrando jamás dos cristales iguales. Universidades de todo el mundo se interesaron por sus estudios que se publicaron en revistas, libros y periódicos. En 1931, publicó el libro Los cristales de nieve, con 2.400 imágenes. (…) Murió de neumonía en su granja el 23 de diciembre de 1931.” (Wikipedia)
       
   
Fue el primero en descubrir:
  • Que no existen dos copos de nieve iguales, según sus propias palabras: "a través del microscopio descubrí que los copos de nieve eran milagros de belleza; y era una pena que esta belleza no pudiera ser apreciada por otros. Cada cristal era una pieza maestra de diseño y no he encontrado ningún diseño que se repita, cada vez que un cristal se derrite , el diseño se pierde para siempre. simplemente tanta belleza se iba sin dejar ninguna prueba de ello”
 
  •  La segunda cosa que descubrió fue que todos los copos tienen simetría hexagonal. La razón en la molécula de H20. Dado que el H2O es un perfecto triángulo equilátero, cada nodo de crecimiento del cristal no tiene otra opción que "pegarse" en un ángulo de exactamente 60 grados con respecto a los vértices del triángulo. Este hecho es el responsable de que, en cada "capa" de crecimiento, seis de esos "triángulos moleculares" formen la base del crecimiento siguiente, por lo que la forma será siempre hexagonal.

   
  •  Las infinitas variaciones de sus formas se deben a las condiciones atmosféricas, que establecen diferentes ritmos en los procesos de crecimiento. Un crecimiento lento da lugar a formas más simples, mientras que un crecimiento rápido crea más ramificaciones o dendritas.
¿No es fascinante la naturaleza?
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Rafael Cabanás Pareja (1913-1989): naturalista, docente y maestro de geólogos y geógrafos. Por Antonio Perejón Rincón

Mariví Romero Sanz 11 de Diciembre de 2009 a las 18:07 h

Nos complace dar noticia en este foro de que nuestro querido Dr. D. Antonio Perejón Rincón, investigador del Instituto de Geología Económica del CSIC acaba de ver publicado su libro titulado “Rafael Cabanás Pareja (1913-1989): naturalista, docente y maestro de geólogos y geógrafos”.
La obra constituye una biografía científica y humana de D. Rafael Cabanás Pareja (1913-1989), Profesor Adjunto Numerario que fue de la Universidad de Córdoba y miembro del Patronato Provisional de la Comisión que la puso en marcha en 1973. Se analizan su labor docente e investigadora, destacando sus importantes aportaciones al conocimiento de la Geología de Córdoba, Jaén y Almería, así como de Marruecos.
Como no podía ser de otra manera, el ejemplar está disponible en nuestra Biblioteca gracias a la generosa donación del autor. libro

Vaya desde aquí para él nuestra felicitación y agradecimiento.


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